REFLEXIÓN SOBRE EL ESTIGMA DE LA PSICOPATÍA

Muchos sujetos diagnosticados como psicópatas no llegan a estar en un establecimiento penitenciario o psiquiátrico y, por el contrario, criminales comunes que nada tienen que ver con la psicopatía terminan cometiendo homicidios o diferentes delitos.

POR: Yirledy Gualtero Artunduaga y Valentina Arriaga Chaux.

Cómo reconocer a un psicópata

La psicopatía es un tema que ha generado interés por la conmoción que ha creado en la sociedad después de diversos crímenes. Por este motivo, científicamente se ha tratado de dar explicación al comportamiento de los psicópatas en obras como “The Mask of Sanity” de Ceckley donde se describen 16 características de la psicopatía o la creación de instrumentos que permiten medir la gravedad de esta. Uno es el caso de Hare que diseñó la Escala de Medición de Psicopatía-Revisada, la cual ha permitido en los últimos años un gran avance en la investigación de la psicopatía desde el área de la psicología jurídica y forense.

 Actualmente se conoce a un psicópata por tener rasgos comunes como el uso parasitario de los demás, la manipulación, la dominancia, un sentido de grandiosidad, insensibilidad afectiva, falta de empatía y culpa, ausencia de emociones fuertes, (conductualmente) impulsivos, agresivos y con conductas de alto riesgo (Pozuelo, 2011; Hare, 1999). Aunque, los psicópatas cuentan con las características mencionadas y esto ha generado alarma social a través de noticias, las series o filmes, es importante aclarar que no todos los psicópatas son criminales ni todos los criminales son psicópatas. Pero, muchos sujetos diagnosticados como psicópatas no llegan a estar en un establecimiento penitenciario o psiquiátrico y, por el contrario, criminales comunes que nada tienen que ver con la psicopatía terminan cometiendo homicidios o diferentes delitos.

Es importante aclarar que no todos los psicópatas son criminales ni todos los criminales son psicópatas.

Gualtero y Arraiga (2022)

¿Existen psicópatas criminales y psicópatas no criminales? 

Hervey Cleckley, pionero en temas de psicopatía en Estados Unidos, después de varios estudios relacionados con el tema, consideró que lo más peligroso de la psicopatía es su aparente normalidad en la vida social. A pesar de que los psicópatas se caracterizan clínicamente por un comportamiento antisocial, recordemos que cuando buscan un beneficio son altamente encantadores y comprenden cómo desenvolverse social y moralmente, pues se les facilita imitar los sentimientos y valores sutiles del ser humano. Además, entienden las normas de interacción social, aunque se les dificulta relacionar las emociones asociadas a dichas reglas, en otras palabras, los psicópatas cuentan con una conciencia intelectual, pero carecen de una conciencia moral (Romero et al, 2011).

Por lo tanto, Cleckley determinó que la diferencia entre un psicópata que continuamente está en la cárcel o en un hospital psiquiátrico a un psicópata que no, radica en que su aparente normalidad es mucho más estable. Es por esta razón que Hare en 1993 manifiesta:

«Sin embargo, muchos psicópatas nunca ingresan en la cárcel ni en ningún otro centro. Parece que funcionan razonablemente bien —son abogados, médicos, psiquiatras, mercenarios, oficiales de policía, líderes religiosos, militares, hombres de negocios, escritores, artistas y demás—, sin contravenir la ley o, al menos, sin que les cojan. En realidad, son tan egocéntricos, insensibles y manipuladores como el resto de psicópatas; sin embargo, su inteligencia, su familia, sus habilidades sociales y sus circunstancias les permiten construir una fachada de normalidad y obtener lo que desean con relativa impunidad».

De acuerdo con lo anterior, se observa que los psicópatas en general cuentan con ciertos rasgos que los hacen propensos a una vida delictiva; sin embargo, el desarrollo de esta depende de factores familiares, sociales o económicos, por lo que no todos los psicópatas son criminales y tienen contacto formal con la ley. Así mismo, no todos los criminales comunes tienen relación con la psicopatía, pues sus motivaciones son distintas. De este modo, podría decirse que es más probable que un criminal común sea condenado por homicidio relacionado con un crimen pasional y que un psicópata, en cambio, victimice a extraños con el fin de conseguir dinero u otros beneficios sin llegar al homicidio (Romero et al., 2011).

Estigma de la psicopatía

Según Goffman (2006), el término estigma posee diferentes significados de acuerdo al momento histórico, para los griegos, se trataba de signos corporales para señalar algo malo (esclavitud, crimen o traición). En cuanto al cristianismo, designa con este concepto tanto la gracia divina como la perturbación física, entre otras definiciones.

De este modo, dentro de las características que se pueden distinguir de un estigma las más importantes son tres: estereotipos, prejuicios y discriminación. Respecto a los primeros, son un conjunto de creencias en su mayoría erróneas que son determinadas por un grupo y condicionan la percepción y la valoración que se les otorgan a ciertos hechos o grupos; los prejuicios son predisposiciones emocionales y habitualmente negativas que los individuos experimentan con respecto a grupos o personas cuyas características están ajustadas a creencias estereotipadas; en cuanto a la discriminación son comportamientos negativos hacia cierto grupo de personas donde sus características no son compatibles (Rüsch, et al., 2005).

Por tanto, el estigma y sus características aportan tanto en acreditar como en desacreditar un hecho, y en los dos casos se necesitan tanto de la influencia y las creencias sociales ya estipuladas, como la evidencia que se pueda obtener acerca del mismo. Goffman (2006) afirma que dentro del hecho pueden ocurrir variaciones y que de esta lo único que se conserva es la visión que cada individuo dentro de una sociedad estigmatizada le dio, todo dependiendo de las razones individuales por las cuales el hecho puede ser de mayor o menor importancia.

Por tanto, el estigma y sus características aportan tanto en acreditar como en desacreditar un hecho, y en los dos casos se necesitan tanto de la influencia y las creencias sociales ya estipuladas, como la evidencia que se pueda obtener acerca del mismo.

Gualtero y Arriaga (2022)

De acuerdo con lo anterior, se puede decir que el estigma hacia los psicópatas se ha construido a través del tiempo gracias a los medios de comunicación por medio de las películas. Por ejemplo, La naranja mecánica (1971) donde Alex DeLarge, personaje principal, es el encargado de dirigir una banda que tiene como objetivo divertirse dando golpes fuertes y cometiendo violación, para al final provocar la muerte de sus víctimas. También está la película Henry: Retrato de un asesino (1986) donde cuentan la historia de Henry que, tras una infancia difícil, es llevado a la cárcel por asesinar a su madre, pero este lugar solo provoca que el protagonista tenga un deseo mayor de cometer actos parecidos. Al salir de la cárcel comete más asesinatos, pero con diferentes modus operandi para evitar dejar pistas.

De igual manera, otro aspecto que ha generado la creación de estos estereotipos son el primer caso de un psicópata televisado, Ted Bundy, quien había asesinado alrededor de treinta y seis mujeres en aproximadamente siete zonas de Estados Unidos. Indicaron cada uno de sus crímenes y fue condenado a morir en la silla eléctrica. Antes de su muerte se le realizaron varias pruebas para determinar su estado mental, no fue hasta después de su fallecimiento que se confirmó por la Doctora Dorothy Otnow Lewis, psiquiatra de la Universidad de Yale, que Ted Bundy tenía como condición la psicopatía. Además, se suma a ello los casos famosos de asesinos seriales estadounidenses como John Wayne Gacy llamado el “payaso pogo” o Edmund Kemper popular por nombrarse “el asesino de las colegialas”, quienes por su gran número de víctimas se hicieron conocer por la población generando miedo por sus crímenes atroces.

De otro modo, el mal uso del término de psicopatía en el diálogo común de las personas también ha contribuido en la construcción de una concepción errada del psicópata. Se llama así a quien comete cualquier tipo de homicidio o delito, sin tener en cuenta las diferencias entre alguien que asesina por lucro, celos pasionales e impulso momentáneo. O quien comete delitos en estados de embriaguez, drogadicción o, en el peor de los casos, en estados psicóticos de quienes padecen trastornos mentales. Por tanto, es importante conocer los rasgos característicos del comportamiento criminal de un psicópata antes de mencionar que esto o aquello fue cometido por alguno de ellos.

Conclusiones

El estudio de la psicopatía ha evolucionado en los últimos años gracias a los aportes de diferentes investigadores. Esto ha permitido encontrar los rasgos característicos de los sujetos que la padecen, como son el egocentrismo, falta de remordimiento, necesidad de poder y control, entre otros, forjando una visión generalizada sobre los psicópatas como criminales en potencia, cuando muchos de ellos no alcanza a tener contacto con la ley.

De acuerdo a los rasgos de la psicopatía, es necesario destacar la conciencia intelectual que presentan estos sujetos. Lo que les permite comprender cómo deben actuar en el medio social, creando así una aparente normalidad mientras realizan su rol como profesionales y demás ámbitos de la vida, aunque logren victimizar a los demás con el fin de conseguir sus propios beneficios, sin necesidad de llegar al homicidio.

Finalmente, la construcción del estigma de la psicopatía se ha desarrollado a partir de tres aspectos. El primero, las películas donde se crea una visión generalizada del psicópata como el único provocador de crímenes y desorden social. El segundo, son los juicios de asesinos seriales televisados, como el caso de Ted Bundy o John Wayne Gacy en Estados Unidos, donde la sociedad desde sus hogares ha conocido este tipo de criminales promoviendo así la creencia de que quien asesina es un psicópata. El tercer aspecto ha sido el mal uso del lenguaje en el diario vivir de las personas, al etiquetar a cualquier persona que comete un delito como un “psicópata”, formando así una mala percepción de lo que es la psicopatía en sí.

Referencias

Goffman, E. (2006). Estigma. La identidad deteriorada. 1.ª Edición 1963. Buenos Aires: Amorrortu.

Hare RD. Without conscience: The disturbing world of the psychopaths among us. New York: Pocket Books; 1993.  


Yirledy Gualtero Artunduaga

Es de la ciudad de Florencia en Caquetá. Estudiante de psicología. Apasionada por la psicología jurídica y  forense. Además, se dedica a la escritura de poesía. Proyecta dedicarse a la escritura e  investigación científica.

Valentina Arriaga Chaux

Nació en Florencia, estudia psicología y es bailarina profesional. Proyecta especializarse en psicología oncológica y dedicarse a ello.


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Esta obra está bajo una Licencia Creative Commons Atribución 4.0 Internacional.

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