«El Costumbrismo Violento Naturalizado” de Luis Grajales

Ilustración por Luis Grajales

Luis Grajales, es un escritor novel del departamento del Caquetá. Destaca en el medio cultural por componer y tocar música protesta. Pero sumado a aquella búsqueda creativa musical escribe literatura derivada de sus influencias lectoras e históricas, sumado a como lo denomina él «la fortuna de haber nacido en Colombia», lo cual le han permitido ir construyendo una voz narrativa crítica y social que expresa a través de personajes que retratan la crudeza normalizada del país. Conoce una muestra de los cuentos que constituyen su primer proyecto de antología: Cuentos Crudo Colombianos, el cual espera publicar pronto.

Luciérnaga

     Luci se sabía perfectamente el camino de regreso a casa. Pasaba por la tienda de la esquina diagonal al colegio, brincaba de dos en dos las cuadriculas del andén de un conjunto con acabados sucios y mojosos, cruzaba un parque humeante y oloroso a bareta, caminaba treinta minutos en zigzag dirección sur hasta llegar a un puente que cuando lo pasaba, hacía del paisaje una transmutación espelúznate y grotesca, pasaba del gris de la ciudad lejana al obscuro de los suburbios, a los barrios sin techos ni ley. Como era una niña simpática y sonriente, llena de vida y ganas de salir adelante, los malandros del barrio o chirretes de esquinas, la cuidaban como si fuera una jefa, una preciosa joya que representaba todo lo contrario al contexto que la rodeaba, era la esperanza de los que no la tenían ya. Llegaba a su casa pasada la una de la tarde, su madre la recibía con un abrazo mientras la subía a su pecho y le daba besos de júbilo. Se lavaban las manos juntas y de inmediato se sentaban a almorzar.

     El timbre del colegio sonaba como todos los días cuando daban las doce en punto. Lucia se levantaba de la silla afanada, pues el hambre era más urgente que las ganas de dormir por las habituales madrugadas. Corría como quien corre en busca de ir al baño. Su casa no quedaba tan lejos del colegio, lo que facilitaba a su madre la resolución del almuerzo. Ella esperaba a su hija con ansiedad, la llamaba luci de cariño “mi luciérnaga”, y era la única razón por la que seguía lavando pisos y limpiando mierda en la cárcel de la capital. Nunca conoció a su papá, pues cuando tenía solo tres años, lo asesinaron unos guerrillos en el sur del país, allá donde no se cumplió el acuerdo de paz, contaba su madre,

     Las dos disfrutaban de una escasa media hora, pues la madre trabajaba en la ciudad y debía transportarse durante sesenta minutos. Al salir de la casa entraba un hombre quien cuidaba a luci en las horas de la tarde y noche, mientras retornaba la madre. Era un joven de no más de treinta años, el novio de la señora, la figura paterna que recién había llegado a su vida, un amigo con quien jugar y un velador de seguridad. Luci se sentía a gusto con Juan, el joven se limitaba a su celular y a atender medianamente a la niña.

     Esa rutina empezó a consumir la vida de los tres. Colegio, comida, trabajo, niñera y tiempo en soledad. La madre agotada llegaba a eso de las ocho o nueve de la noche, la hora dependía de cuanto trabajo encontrara diariamente. La niña en sus hojas de cuaderno rayando con un lápiz pequeño, esperaba su llegada. Juan con enojo y exasperación salía sin rechistar de la casa conforme la mujer entraba por la puerta. Era una relación de conveniencia socio económica, pues el joven abusaba del dinero que ella se ganaba, y la mujer aprovechaba su presencia para no dejar sola a su pequeña en casa. El sexo era pausado, tipo dos o tres veces al mes, y eso si él estaba de buen humor.

     Pasados un par de meses en la misma terapia de conveniencias, luci comenzó a presentar señales alarmantes en su comportamiento, silencios inexplicables, cambios de humor repentinos, lejanía en la convivencia y rechazo a las caricias. La madre en su mundo de responsabilidades, notaba muy poco estos cambios, pero Juan lo sabía perfectamente.

Él era un joven agraciado de un metro setenta, estudiaba en una institución pública y gratuita, una que produce obreros para las empresas de este país. Tenía una novia con la cual compartía la mitad del tiempo en la institución, hacían de todo antes de que llegaran las dos de la tarde, el tiempo justo de entrar a ser la niñera de luci. La madre de la niña desconocía obviamente este romance que no duraría mucho, pues juan encontraría a su chica en brazos de otro pelele de aquella institución. Lleno de enojo comenzó a desquitarse con la pequeña luci creando en ella dichos comportamientos. Era la niña el chivo expiatorio y la testigo de una tragedia inesperada.

     Agobiado, el joven juan, una tarde como poseído por los celos y la ira, tomo de la mano a luci y salieron de la casa como prófugos de la justicia. Ella no entendía por qué en su tarde de tareas, se encontraba subida en un bus rumbo a la ciudad; no comprendía en lo absoluto, por qué estaba junto a juan entrando por los ventanales de una casa de estrato medio en el centro de la capital, y mucho menos esperaba ver como juan, su cancerbero, su cuidador, su protector, apuñalaba a una pareja de jóvenes desnudos en el cuarto principal.

     La escena parecía un cuadro de carnicería. El verdugo con el cuchillo en la mano, dos cuerpos moribundos con los brazos colgando de una cama manchada de placer y odio, la sangre salpicada en todas partes, y luci esperando el final de la faena de Juan. De un golpe colérico, Juan regresó en sí, miró a la niña llena de pánico y tomó su mano.

Salieron del cuarto buscaron papel periódico, él envolvió el cuchillo y salieron diarreicos de aquella casa; Luci entre sollozos e imágenes perturbadoras, miraba desde la ventana del bus las calles principales de la ciudad. Veía mujeres con trajes cortos, hombre con afanes sospechosos, uniformados saliendo de casas luminiscentes. No comprendía una sola cosa de todo lo que ese mundo le mostraba. Juan no le soltaba el brazo derecho y miraba para todos lados, como si lo observaran, con delirios de persecuciones que aún no se presentaban.

     ¡Mamá! – exclamo luci viendo a su madre al otro lado de la calle, mientras el bus esperaba la luz verde para avanzar. El joven volvió la vista hacia las indicaciones de la niña que se encontraba de pie en la silla pegada a la ventana. Efectivamente era ella, pero juan notó algo más en la escena de aquel angustioso momento, observo con resignación, al hombre que caminaba de la mano junto a la mujer. Su mirada se apagó, se elevó al techo del vehículo y se cerró en un vacío infinito – No ve que está ocupada… déjela que disfrute con su papá – escucho luci a Juan con una voz tenue y segura – vamos pa´ la casa más bien y jugamos algo que nos va a gustar – concluyó el muchacho aun dormido en la silla.

     A las nueve y media de la noche, una mujer encontró en su casa, en un municipio a una hora de la capital el cuerpo sin vida de su hija. Medicina legal confirmó que la niña fue golpeada, violada, empalada, desmembrada y ultrajada por un joven agraciado, de no más de treinta años, un metro setenta de estatura y quien colgaba de un árbol a poca distancia de la casa donde encontraron a luci muerta. En el suelo un cuchillo usado y en su vientre con sangre una palabra, luci. Así se despertaba el país, con una noticia igual o peor que la semana pasada.

Fin


*Cuento del Libro (aún no publicado) Cuentos Crudo Colombianos.


Luis Eduardo Grajales Ramírez, tiene 28 años. Es oriundo de Florencia departamento del Caquetá. Profesional licenciado en Lengua Castellana y Literatura de la Universidad de la Amazonia.
Sus influencias literarias vienen de la vieja Europa, de la estigmática Norteamérica y de los autores del boom latinoamericano: Víctor Hugo, Dostoyevski, Bukowski, Tolstoi, Francis Bacon, Safo, Nietzsche, Thomas Hobbes, los poetas malditos, Cervantes, Dante, Edgar Allan Peo, J.J. Benítez, H. Phillips Lovecraft, Baudelaire.
Afirma que sobre manera y en hora buena para su juventud, llegaron los textos de Gabo, Rulfo, Vargas Llosa, Mendoza, Julio Cortázar y Borges, a ayudarle en su lectura y a guiarlo en el camino de la escritura cuentística.
Se considera amante del realismo degradado, el mágico y la narrativa testimonial, resaltando de este último, textos históricos que le han servido para comprender las realidades de otros contextos; textos como el Malleus maleficarum, los testimonios de Primo Levi, y las consecuencias literarias que dejaron la conquista de América y el Holocausto Nazi.
Como consecuencia de todos estos artistas y sobrevivientes, y con la “fortuna” -como lo enfatiza- «de haber nacido en Colombia». Desea fervientemente crear un género de cuento corto que hable de las realidades colombianas y sus monstruosas escenas y el cual lo denomina “costumbrismo violento naturalizado”; según el autor es lo que el promedio colombiano ha normalizado en su cotidiana vida.


Licencia Creative Commons
Esta obra está bajo una Licencia Creative Commons Atribución 4.0 Internacional.

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