Escribir Me Permite Ser Escuchado – Édier Sánchez

Édier Sánchez Bustos

MUJER EN LA NOCHE

En esta noche,

en la que la brisa y el río se mueven,

es imposible que tus suspiros opaquen los que te llevó el viento.

Te los envío a través de la brisa que mueve tu cabellera larga y que empaña tus mejillas.

Suspiro por ti, por ti suspiro.

El viento es mi mensajero y tú,

mi destino.

No mueras tan pronto,

te lo ruego,

ni siquiera fenezcas literariamente,

porque no soportaría perderte ni en mis letras.

Allí, viva hasta los tuétanos,

ayúdame a respirar dentro de este cuarto oscuro,

Aunque sea,

empújame más allá del umbral.

A tus pies y ordenes pongo mi amor y mi vida

cuando sea libre,

puesto que, si no vivo bajo tu regocijo,

la muerte será mi mayor deseo.

Justo ahora,

el río le susurra versos a la noche

y soy testigo del sutil goteo.

Lentamente imagino

cómo lanzas tus telas hacia el desierto.

De cuyo desierto, tu eres el oasis.

Vístete de oscuridad,

y deja que mis manos te vean,

te lean de arriba abajo.

Y disfruten de tus líneas suaves.

Ya la noche humedece más intensamente,

quizás por los versos que le susurra el río.

Dime que tu oasis se siente más vivo,

y que es por los versos que yo te susurro.


JARDÍN

Veo una rosa roja en este jardín.

Este jardín sólo tiene una rosa

y es roja.

A veces sospecho

que esto ni siquiera es un jardín

y que lo que veo no es una rosa.

¿Realmente una rosa podría ser un jardín?

Mi sospecha aumenta

cuando noto que todo está oscuro.

Si hay una rosa,

de seguro no es roja.

Parece ser negra.

Esto no es un jardín,

solo es un cuarto oscuro con una rosa negra.

¿Quién pudo haber sembrado una rosa

en un cuarto sin luz?

¿Por qué estoy en un cuarto sin luz

viendo una rosa negra, que ni siquiera sé si es una rosa?

¿Quién anda ahí?

No, solo fue el eco de mi incertidumbre.

Quisiera que el eco de mis ideas

también se escuchara,

pero no sé hablar,

o la gente no quiere escucharme.

Le diré todo a esta rosa negra.

Me gusta ver cómo la noche,

sutilmente,

nos desviste.

Nos vuelve sinceros,

transparentes.

Puedo decir que amo

más en la oscuridad,

pues es en ese momento

cuando los latidos se entremezclan con el llanto del cuerpo.

Le temo menos a la muerte

que a la vejez y el olvido.

Cuando muera, soltaré el peso de estar vivo.

Soy el enemigo de mi propia mente.

Si muero triste,

ella será la única culpable

de mi tristeza y de mi muerte.

Rosa, negra rosa,

veo las bocas de hombres que ríen.

Y veo que sus ojos me miran.

Me tiembla la firmeza

cuando el hombre

me quiere subiendo escaleras,

sin antes enseñarme a caminar.

No me esperen arriba

que estoy enterrado.

Rosa negra,

¿no tienes frío?

Abriga tus pétalos

que se están cayendo.

He amado, rosa negra.

Pero no sé si el amor es rojo o negro.

Ese sí es rojo.

Negra eres tú, rosa.

No seré padre.

Hay mucho viento

y mis apellidos son palabras.

Las rosas son el símbolo del amor:

Las rojas, por supuesto.

¿Y las negras?

_Del miedo – susurró la rosa negra.

¡Tienes voz!

Di algo, rosa.

¿Rosa?

Tienes miedo, rosa negra.

Encenderé la luz para ver cómo luce el miedo.

¿Un espejo?

Siempre vi una rosa.

Siempre fue negra.

Sigue siendo negra.

Espero que algún día,

cuando esta rosa negra se vuelva roja,

yo vea un jardín.


MOJADOS

Bajo la lluvia

me estoy mojando con mi amante.

No culpo a la lluvia

de un bien que es causado por besos y tacto.

Por palabras y respiración acelerada.

Por miradas y sonrisas.

Por lenguas entrelazadas.

Por sexos encontrados.

Por el blues y las cervezas.

Rozándonos, recordamos que el frío

es un estado que padecen solo los que no aman.

Tanto nos amamos,

que de nuestros cuerpos emana sangre.

De nuestras espaldas,

de nuestros cuellos,

de nuestras bocas.

Tanto nos amamos,

que no nos recorre lluvia sino sudor.

Tanto nos amamos,

que la eternidad se nos hace corta.

Tanto nos amamos,

que las nubes ya no llueven, sino que lloran,

porque han notado su inminente derrota.

Aquí no hay Dios.

Aquí solo hay placer y amor.

Hay lascivia.

Hay caricias.

Y no habrá a quien heredar un apellido.

No habrá castigos, ni pecados, ni amenazas.

No habrá llanto ni dolor.

No habrá sed ni hambre.

No habrá juicios predispuestos.

No habrá final.

No habrá infierno ni cielo,

solo tierra sobre nuestros cuerpos mojados.



Édier Sánchez Bustos: tiene 24 años. Es de la ciudad de Florencia, Caquetá. Cursa el 9° semestre de la Licenciatura en inglés de la Universidad de la Amazonia.

Escribe desde la experiencia y el sentir inmediato. Explora la cotidianidad porque es allí donde encuentra a sus musas.
Le gusta crear versos sobre las personas que conoce en su diario vivir; y frente a ese acto dice lo siguiente: “Una vez desarmé una cajetilla de cigarrillos para escribirle versos a una amiga, otro día usé servilletas para escribir un poema. También, recuerdo una vez qué grité versos a una amiga mientras íbamos en la moto”.

Nos dice Édier,“mis manos nunca dejarán de escribir, porque es la única forma en que podré ser escuchado“.

Aun no ha publicado, más allá de lo que comparte en sus redes sociales. Sus principales lectores son sus amigos. Pero aspira a retomar sus escritos para hacer un poemario y escribir una novela.

Le gustaría escribir y actuar. Desearía explorar su escritura y ser el actor de sus propias historias. Tiene proyectado terminar su carrera y en un futuro estudiar literatura y artes escénicas.


Licencia Creative Commons
Esta obra está bajo una Licencia Creative Commons Atribución 4.0 Internacional.


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